El cambio climático, una amenaza para el planeta: la Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA)

Por Manuel García, Director Técnico en Assiteca España

Los marinos tienen una frase que, cuando el parte meteorológico indica temporal, les hace prepararse ante la adversidad de una mar arbolada: “Arranchar a son de mar”. Esto implica preparar el barco para el temporal que se avecina, ya que una tormenta puede ser algo típico a lo que enfrentarse en el mar.

En la actualidad, los hechos meteorológicos adversos se dan con mucha más frecuencia y, sobre todo, en lugares donde, hasta hace relativamente poco, era casi inverosímil el creer que podrían acontecer eventos de tales magnitudes. Lo vimos el pasado año en Turquía, con vientos extremadamente violentos, en el centro de Europa, donde lluvias torrenciales se llevaron pueblos y empresas casi enteras, y hasta en Norte América, con huracanes en latitudes donde nadie creía que podían llegar.

Hasta hace relativamente poco hablábamos de gotas frías. Sin embargo, ese término ha quedado en desuso, ya que lo que está aconteciendo en la actualidad tiene otro nombre: DANA. Para el que sea neófito, DANA no es el nombre que solemos poner a hechos atmosféricos extraordinarios como son los huracanes. DANA son las siglas de lo que se conoce como Depresión Aislada en Niveles Altos, un término que busca ser coherente con la realidad, lo que está sucediendo y, a nuestro pesar, cada vez se trata de un fenómeno menos aislado.

El significado de DANA se refiere a las bajadas de presión que se producen en los niveles altos de la atmósfera. Mientras que la gota fría solo venía asociada a lluvias torrenciales, la DANA va más allá de lo que son ese tipo de lluvias o precipitaciones intensas, que llevan consigo todo tipo de catástrofes y daños materiales. No en vano, los efectos de una DANA son más devastadores que los que supone una gota fría.

Durante el primer semestre del pasado año, las pérdidas aseguradas en el mundo por catástrofes naturales ascendieron a más de 40.000 millones de dólares, lo que supone la cifra más alta en este periodo desde 2011, según las primeras estimaciones del Swiss Re Institute.

En nuestro país, son las inundaciones las que, como evento extraordinario, suponen el tipo de catástrofe natural que más daños genera a todos. De hecho, se calcula que causan unos daños de aproximadamente 800 millones de euros al año. Estas pérdidas son compensadas parcialmente por el Consorcio de Compensación de Seguros (CCS), siempre y cuando se tenga suscrito un seguro de bienes o personas.

 

Se prevé que el actual Sistema de Riesgos Extraordinarios podría asumir un aumento de entre un 15% y un 20% de la siniestralidad vinculada a los riesgos directos del cambio climático, como lo son las inundaciones y los fuertes vientos. Todo ello, manteniendo el mismo nivel de condiciones vigentes en el mercado asegurador, algo que, como estamos viendo, no es así, ya que los daños materiales se suceden con más frecuencia por efectos meteorológicos.

 

En conclusión, el mercado asegurador está y estará condicionado totalmente al cambio climático en los próximos años. Por ello, hemos de ser no solo conscientes, sino estar preparados para la próxima DANA que está por venir. Así que “arranchemos a son de mar”. 

 

 

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